Entrevista al piloto de parapente y paramotor Víctor Rodríguez, “moncho78”, Top 10 Internacional
- 28.01.2026
Víctor Rodríguez, conocido en redes como “moncho78”, está en el Top 10 internacional de los mejores pilotos del mundo en paramotor y en 2020 demostró ser el mejor de España en ese rubro. Lleva dieciséis de sus treinta y tres años volando —la mitad de su vida— y doce años trabajando como bombero.
Él mismo se define como una persona exploradora, apasionada y aventurera, con una energía enorme. Una energía que, como dice, ojalá nunca pare, aunque también reconoce que hay que gestionarla bien.
Y antes incluso de hablar de logros, Víctor deja claro algo que marca el tono de toda la entrevista: busca mejorar como persona.
Víctor: “Estoy en el camino espiritual, practico meditación y trato de ganar empatía para llevarla al entorno. No solo para mí”.
Vuelos, viajes y forma de vida
Tu sueño es volar, viajar… Cada vez que puedes estás en un sitio o en otro, ¿cómo ha sido el camino para esto?
Víctor: Básicamente es uno de mis grandes logros. Aparte de haber aprobado la oposición de bombero, abrirme un hueco en este mundo en el que, aunque sea un deporte minoritario, hay mucha gente y mucho nivel, sobre todo aquí en España. Por esta pasión me he metido en berenjenales, sobre todo en competición.
Estar en el Top 10 a nivel mundial tiene un cierto reconocimiento. Pero no solo en competición: también en equipos de exhibición, en plataformas donde invitan a los mejores y lo hacen coincidir con festivales. Como cuando nos invitaron en China, en las montañas de Avatar, donde se rodó Avatar. Es estar activo siempre. Y sobre todo, el logro que más valoro es tener muchos amigos por todos lados. He hecho rápido muchos amigos por donde he ido y siempre les digo: si sale algo, ¡invitadme!
La parte más difícil es intentar estar ahí, siempre innovando. A veces no sabes si estás currando bien o mal, y veo que son ciclos, como en la vida misma. A veces piensas que te va a ir mal y te va bien; y a veces, en la competición donde más aspiraciones tenías, te va mal. El camino difícil es estar siempre ahí; si te alejas, te desvinculas.
Aunque viajes fuera siempre estás entre amigos, ¿sueles visitar sitios donde ya has estado y donde ya conoces gente?
Víctor: Sí, pero te salen historietas por todos lados, todo el tiempo. Yo no dejo nada librado al azar: dejo la chispa hecha, escribo y espero un poco a que respondan. Así es como he hecho planes de viajar a sitios donde nunca antes se ha volado.
¿Cuál es el viaje que más te ha gustado?
Víctor: Hace unos años, volar encima de las pirámides, como pioneros esa vez. Antes habían volado pilotos de Egipto para ver que todo estuviera bien antes de invitarnos. Nos habían invitado a mí y a un grupito de españoles y eso fue memorable.
Pero también he volado en plan aventura por África: África interior, Senegal, Gambia. He estado volando en Tailandia a mi bola. Coges un pick up y vuelas sobre sitios sagrados. He cruzado de Mallorca a Menorca, sobre Islandia, sobre el desierto de Omán. Esa pregunta es difícil: el vuelo sobre las pirámides fue majestuoso, pero no fue el más divertido. Más divertido es cuando te da la sensación de libertad. Cuando te llevas el motor en un avión y te vas buscándote la vida por ahí. Como en Tailandia o en Omán. Es difícil elegir.
¿Has publicado tus historias por si alguien se quiere pasar a ver?
Víctor: Como teníamos esta entrevista hoy y he estado haciendo limpieza en mi perfil, he ido recordando cosas y he estado poniendo algunas buenas. A veces yo mismo me digo: guay, ojalá llegue a viejo y pueda recordar algunas, porque son realmente para recordar, aunque siempre las contarías minimizadas.
Actualmente estás volando, viajando… en un futuro, ¿tienes pensado abrir tu centro de vuelo en parapente y paramotor?
Víctor: Mi trabajo profesional es ser bombero. Por eso, aunque me dedique mucho a este deporte, si me jubilo cerca de los sesenta y me encuentro bien, igual podría abrir una escuela, que era mi otra opción.
He enseñado a volar a gente cercana, de mucha confianza. Tengo un alumno, por llamarlo de alguna manera, al que ayudo sin ser una escuela. Y le enseñas mejor que en una escuela, porque igual le dedicas más tiempo. También he enseñado a amigos cercanos que están volando con mucho nivel. Hago volar a gente o me llama gente para volar conmigo, para sorpresas, exhibiciones en pueblos o festivales y, de manera excepcional, enseño. Pero como compañeros: sin prisa, sin horario, a mi ritmo. Abrir una escuela en el futuro, quién sabe… podría ser una buena cosa, pero por ahora, no.
¿Cómo compaginas a Víctor Rodríguez “moncho78” con ser bombero?
Víctor: Tengo mucho que agradecer a este trabajo porque me da tiempo libre. Trabajamos 24 horas y descansas cuatro días. Trabajo y tengo cuatro días libres en los que no paro. A veces cambio con algún compañero y con un cambio ya tienes diez días para irte a otro lado. Para ir al otro lado del mundo, como Australia (donde fui con mis hermanas), necesitas más días y ahí pides vacaciones.
Juntar una semana o diez días es muy fácil; en ese sentido lo agradezco mucho. No tengo nervios por las facilidades de ir y venir, sino más por la preparación del evento. Y es un trabajo muy vocacional ser bombero. Coincide que en Valladolid somos una plantilla amplia y abastecemos bien a la ciudad y alrededores. Ahora tengo esta facilidad; luego nunca se sabe.
Competición y objetivos
Entramos al tema de la competición: ¿cuál es el logro que más te haya satisfecho?
Víctor: Fíjate que 2020, con el covid y toda esta historia, ha sido casi mi mejor año de competición. Ha habido solo dos competiciones: una en Polonia (en esos tres meses de tregua) y luego el campeonato de España, que al final no fue campeonato de España por un lío de federaciones. O sea, yo hubiera sido campeón, porque fui el primero del Open, pero no tengo el título.
Aquí hay mucho nivel. Yo venía muy fuerte de Polonia, mi mejor campeonato internacional: conseguí meterme en el Top 10, siempre había estado once o doce. Venía muy motivado y me entero el último día de que la Federación no había conseguido no sé qué trámite. Fue el mejor año para mí: cuando mejor he volado, más centrado, más rápido, más focus. Espero tener la oportunidad este año; tengo esa espinita clavada.
¿Cuál es tu objetivo para 2021? ¿Cómo anda el tema de la competición?
Víctor: Han aplazado mucho, incluso para 2022. Había un campeonato en Brasil en 2020 que se canceló para 2021 y ahora se ha vuelto a cancelar para 2022. Ese mundial en Brasil tengo ganas de tomármelo como un buen logro, porque iríamos como equipo nacional a intentar pódium. He hecho varios pódiums internacionales con el equipo nacional.
A nivel de equipo hemos quedado segundos y terceros, compitiendo muchas veces entre Francia y Polonia, que son los más punteros. En 2020 no se ha podido, en 2021 creo que tampoco… y en 2022 iría por primera vez en carrito, en trike, como cuando vuelo a alguien en biplaza en motor.
Será la primera vez que compita en paramotor trike biplaza llevando a una pasajera. Tendré que entrenar bastante con ella para conseguir puntos para el equipo, porque en ese hueco del trike con pasajeros casi nadie lleva y es una buena forma de sumar.
¿Ya está hecho el equipo o hay que hacer un llamamiento?
Víctor: Más o menos está, pero cambian tanto las cosas… que lo que ahora es de una manera, en algunos meses es otro mundo.
¿De cara a 2022 (o 2021), habrá alguna competencia?
Víctor: Sí, seguro habrá campeonato de España o similar, en República Checa de slalom, alguna exhibición por ahí… habrá varios eventos al año.
Volar, libertad y filosofía
En la charla aparece un vídeo que Víctor grabó sobre el significado de volar, con la voz de su hermana Claudia.
Víctor: Es uno de mis vídeos favoritos. Buscamos significados en varios libros, los sueños de volar, y lo comparé con culturas antiguas. Queríamos darle contenido. La idea era mostrar que el sentimiento de volar es el sueño más primitivo del humano. Puedes hacer cosas increíbles, pero volar con tu propio cuerpo todavía no.
Desde niño soñaba que volaba. Yo sabía que iba a ser piloto o bombero. Si ves mis dibujos de chaval, eran cosas de bomberos y aviones. Y ahora lo puedo mezclar de una manera muy guay, porque el vuelo que practicamos es el más puro en libertad. Estás tú en medio de la masa de aire. Es un “vuelo lento”, aunque vayas rápido, porque estás dentro del viento.
¿Qué significa para ti volar?
Víctor: Volar para mí… la palabra es libertad. Ir con mi furgoneta, tener las cosas cargadas y estar volando en menos de cinco minutos en cualquier prado: “venga, paro aquí”. Estar en contacto continuo con la naturaleza es como la mejor meditación.
Te obliga a estar en el momento. Si no estás exactamente en ese momento, puedes tener un problema o un mini accidente. Tienes que estar presente al máximo. Y ese sentimiento, con la libertad de despegar incluso en tu zona —sin irte a Tailandia—, aterrizas ahí, recoges con música, te quedas viendo el atardecer desde el aire… luego dices: ¡qué flipada lo que acabo de hacer!
Luego vas a tomar una cerveza con los amigos y ya lo has contado tantas veces que te dicen “otro vuelo más”. Pero no: nunca es igual. Siempre tiene esa cosa de libertad. Hay veces que estás riéndote y piensas: ¡qué flipada! Y todo eso sin acrobacia, sin buscar “riesgo” por buscarlo.
Seguridad, riesgo y aprendizaje
¿Es más probable que haya un accidente en un deporte de este tipo que en otros?
Víctor: El riesgo lo pone el piloto, siempre. Como el que conduce. Yo, en dieciséis años, no he tenido ningún accidente fuerte. Vuelo todas las semanas varias veces, y soy más de la probabilidad de “cuanto más vueles, más calidad tienes, más seguridad”. Aunque también está la otra: cuanto más vuelas, más expuesto estás. Eso pasa en todo.
Tienes que ser consciente: seríamos locos si dijéramos que no hay riesgo. Lo hay, pero es el piloto el que decide quedarse en tierra si algo no le gusta. Hay intuición en estos deportes y yo la noto. Puede estar todo “bien” para volar, pero viene una rachita que no me gusta, o el equipo no me funciona como siempre… y me he quedado muchas veces sin volar.
Un buen piloto es el que sabe decir que no. Y el que llega al aterrizaje que quiere. Porque te puede surgir cualquier historia y tienes que aterrizar de emergencia. Estás observando el medio, la meteorología, la previsión del día, la del día anterior y la del día después, para saber lo que entra y lo que viene. No se te puede olvidar que estás volando.
¿Has perdido compañeros de vuelo?
Víctor: Por supuesto. He perdido amigos en competición y de la manera más tonta. Pero también los he perdido conduciendo, en el trabajo, o por enfermedades. Eso no te puede achantar: te tiene que fortalecer. Tienes que saber que eres tú el que pilota, saber decir que no, y tener valor cuando la situación se pone fuerte.
Al que enseño a volar le digo que hay tres momentos de riesgo muy destacados. Primero, cuando aprendes. Segundo, cuando piensas que sabes bastante pero todavía no sabes casi nada. Y tercero, cuando sabes mucho también hay un riesgo grande: en competición pruebas prototipos, velas más rápidas, retos que en otro contexto no harías.
Yo siempre voy un puntito por debajo del nivel que podría dar. Todo lo hago un puntito por debajo. Podría dar un poco más, pero me queda una gotita menos y ahí es donde creo que estás perfecto.
Anécdotas y momentos inolvidables
Víctor, ¿alguna anécdota divertida que te haya pasado con algún cliente o compañero?
Víctor: Anécdotas, muchísimas. Un susto, por supuesto. Una buena… en Nepal. Fue mi primera gran aventura, en 2014, justo un año antes del terremoto. Fue el viaje que me cambió la vida y me abrió la mente.
De la manera más boba me fui a un río en Nepal, un río potente, con cocodrilos y todo. Se me paró el motor y ahí sí que la pasé muy mal. A toro pasado es anécdota, pero en ese momento fue lo más crítico que he tenido.
Víctor Rodríguez, ¿y cuando se te paró el motor, adónde terminaste en Nepal?
Víctor: En el río, en un sitio muy crítico. El parapente se te cae, se te pone delante. Tienes que mantener la calma. Es como en slalom cuando te vas al agua: aunque haya un barco vigilando y lleves salvavidas, tienes que salir con calma. Todo lo que desgastes juega en tu contra.
¿Alguna anécdota graciosa?
Víctor: En Tailandia. Volamos sobre un templo que yo no sabía que era sagrado. Me empezaron a llegar mensajes, mails, llamadas: que tenía un gran problema y que salía en las noticias de todo el país. Me conocían como “el forastero que sobrevolaba los templos sagrados”.
Lo normal hubiera sido esconderse. Pero se me ocurrió volar para atrás casi todo el día y llevar un ramo de flores enorme. Estaba todo el pueblo esperándome en el templo. Yo no sabía si me iban a tirar piedras… y se cambió la tortilla. Haces eso y haces amigos. Salimos en la prensa haciendo “Namaste”, pidiendo disculpas, y se entendió que no fue una falta de respeto.
Un chavalín de ese pueblo me mandó hace poco una foto: todavía tenía la camiseta de parapente “Moncho” que yo dejé a los pies del Buda del templo. En principio no me iban a dejar ni salir del país. Se me ocurrió eso, y funcionó.
Y para hacer muchas aventuras, a veces ha sido más de pedir disculpas que de pedir permiso. Porque si pides permiso, es imposible que te lo den: no saben lo que es un parapente, o es zona militar.
En África tuve otra: en la isla de São Tomé, vinieron militares y me requisaron el equipo. Acabé en la policía militar. Tuvo que venir la embajada a buscarme por un mensaje que pude enviar desde el teléfono de un guardia. Luego recuperamos el equipo… fue una historia. La televisión de São Tomé me hizo una entrevista. Salía a España con exceso de equipaje y oliendo a gasolina.
Y tengo otra en China, en las montañas de Tiang Men… me voy acordando mientras hablamos.
Cierre y próximos planes
Hablamos de una colaboración y un sorteo previsto para febrero, y nos quedamos con ganas de más anécdotas.
Víctor: “Más de mayor, si escribo un libro, el título será ‘Liadas y libras’”.
Una última curiosidad: ¿cuál ha sido tu velocidad máxima?
Víctor: En slalom, cerca de cien kilómetros por hora. Totalmente loco. Son “vuelos lentos”, pero se hacen prototipos con perfiles aerodinámicos y, además, en los vuelos coges energía centrífuga.
De esta manera nos despedimos de Víctor Rodríguez “moncho78”, a quien agradecemos el tiempo y la charla. Le deseamos lo mejor en sus vuelos y en su vida, y ojalá pronto podamos compartir más aventuras. Y si esta entrevista te ha despertado la curiosidad, quizá algún día te animes a volar en paramotor: una experiencia que, como dice Víctor, puede cambiarte la vida.
Actualmente estás volando, viajando… en un futuro, ¿tienes pensado abrir tu centro de vuelo en parapente y paramotor?
Víctor: Mi trabajo profesional es ser bombero. Por eso, aunque me dedique mucho a este deporte, si me jubilo cerca de los sesenta y me encuentro bien, igual podría abrir una escuela, que era mi otra opción.
He enseñado a volar a gente cercana, de mucha confianza. Tengo un alumno, por llamarlo de alguna manera, al que ayudo sin ser una escuela. Y le enseñas mejor que en una escuela, porque igual le dedicas más tiempo. También he enseñado a amigos cercanos que están volando con mucho nivel. Hago volar a gente o me llama gente para volar conmigo, para sorpresas, exhibiciones en pueblos o festivales y, de manera excepcional, enseño. Pero como compañeros: sin prisa, sin horario, a mi ritmo. Abrir una escuela en el futuro, quién sabe… podría ser una buena cosa, pero por ahora, no.
¿Cómo compaginas a Víctor Rodríguez “moncho78” con ser bombero?
Víctor: Tengo mucho que agradecer a este trabajo porque me da tiempo libre. Trabajamos 24 horas y descansas cuatro días. Trabajo y tengo cuatro días libres en los que no paro. A veces cambio con algún compañero y con un cambio ya tienes diez días para irte a otro lado. Para ir al otro lado del mundo, como Australia (donde fui con mis hermanas), necesitas más días y ahí pides vacaciones.
Juntar una semana o diez días es muy fácil; en ese sentido lo agradezco mucho. No tengo nervios por las facilidades de ir y venir, sino más por la preparación del evento. Y es un trabajo muy vocacional ser bombero. Coincide que en Valladolid somos una plantilla amplia y abastecemos bien a la ciudad y alrededores. Ahora tengo esta facilidad; luego nunca se sabe.
Competición y objetivos
Entramos al tema de la competición: ¿cuál es el logro que más te haya satisfecho?
Víctor: Fíjate que 2020, con el covid y toda esta historia, ha sido casi mi mejor año de competición. Ha habido solo dos competiciones: una en Polonia (en esos tres meses de tregua) y luego el campeonato de España, que al final no fue campeonato de España por un lío de federaciones. O sea, yo hubiera sido campeón, porque fui el primero del Open, pero no tengo el título.
Aquí hay mucho nivel. Yo venía muy fuerte de Polonia, mi mejor campeonato internacional: conseguí meterme en el Top 10, siempre había estado once o doce. Venía muy motivado y me entero el último día de que la Federación no había conseguido no sé qué trámite. Fue el mejor año para mí: cuando mejor he volado, más centrado, más rápido, más focus. Espero tener la oportunidad este año; tengo esa espinita clavada.
¿Cuál es tu objetivo para 2021? ¿Cómo anda el tema de la competición?
Víctor: Han aplazado mucho, incluso para 2022. Había un campeonato en Brasil en 2020 que se canceló para 2021 y ahora se ha vuelto a cancelar para 2022. Ese mundial en Brasil tengo ganas de tomármelo como un buen logro, porque iríamos como equipo nacional a intentar pódium. He hecho varios pódiums internacionales con el equipo nacional.
A nivel de equipo hemos quedado segundos y terceros, compitiendo muchas veces entre Francia y Polonia, que son los más punteros. En 2020 no se ha podido, en 2021 creo que tampoco… y en 2022 iría por primera vez en carrito, en trike, como cuando vuelo a alguien en biplaza en motor.
Será la primera vez que compita en paramotor trike biplaza llevando a una pasajera. Tendré que entrenar bastante con ella para conseguir puntos para el equipo, porque en ese hueco del trike con pasajeros casi nadie lleva y es una buena forma de sumar.
¿Ya está hecho el equipo o hay que hacer un llamamiento?
Víctor: Más o menos está, pero cambian tanto las cosas… que lo que ahora es de una manera, en algunos meses es otro mundo.
¿De cara a 2022 (o 2021), habrá alguna competencia?
Víctor: Sí, seguro habrá campeonato de España o similar, en República Checa de slalom, alguna exhibición por ahí… habrá varios eventos al año.
Volar, libertad y filosofía
En la charla aparece un vídeo que Víctor grabó sobre el significado de volar, con la voz de su hermana Claudia.
Víctor: Es uno de mis vídeos favoritos. Buscamos significados en varios libros, los sueños de volar, y lo comparé con culturas antiguas. Queríamos darle contenido. La idea era mostrar que el sentimiento de volar es el sueño más primitivo del humano. Puedes hacer cosas increíbles, pero volar con tu propio cuerpo todavía no.
Desde niño soñaba que volaba. Yo sabía que iba a ser piloto o bombero. Si ves mis dibujos de chaval, eran cosas de bomberos y aviones. Y ahora lo puedo mezclar de una manera muy guay, porque el vuelo que practicamos es el más puro en libertad. Estás tú en medio de la masa de aire. Es un “vuelo lento”, aunque vayas rápido, porque estás dentro del viento.
¿Qué significa para ti volar?
Víctor: Volar para mí… la palabra es libertad. Ir con mi furgoneta, tener las cosas cargadas y estar volando en menos de cinco minutos en cualquier prado: “venga, paro aquí”. Estar en contacto continuo con la naturaleza es como la mejor meditación.
Te obliga a estar en el momento. Si no estás exactamente en ese momento, puedes tener un problema o un mini accidente. Tienes que estar presente al máximo. Y ese sentimiento, con la libertad de despegar incluso en tu zona —sin irte a Tailandia—, aterrizas ahí, recoges con música, te quedas viendo el atardecer desde el aire… luego dices: ¡qué flipada lo que acabo de hacer!
Luego vas a tomar una cerveza con los amigos y ya lo has contado tantas veces que te dicen “otro vuelo más”. Pero no: nunca es igual. Siempre tiene esa cosa de libertad. Hay veces que estás riéndote y piensas: ¡qué flipada! Y todo eso sin acrobacia, sin buscar “riesgo” por buscarlo.
Seguridad, riesgo y aprendizaje
Víctor, ¿alguna anécdota divertida que te haya pasado con algún cliente o compañero?
Víctor: Anécdotas, muchísimas. Un susto, por supuesto. Una buena… en Nepal. Fue mi primera gran aventura, en 2014, justo un año antes del terremoto. Fue el viaje que me cambió la vida y me abrió la mente.
De la manera más boba me fui a un río en Nepal, un río potente, con cocodrilos y todo. Se me paró el motor y ahí sí que la pasé muy mal. A toro pasado es anécdota, pero en ese momento fue lo más crítico que he tenido.
Víctor Rodríguez, ¿y cuando se te paró el motor, adónde terminaste en Nepal?
Víctor: En el río, en un sitio muy crítico. El parapente se te cae, se te pone delante. Tienes que mantener la calma. Es como en slalom cuando te vas al agua: aunque haya un barco vigilando y lleves salvavidas, tienes que salir con calma. Todo lo que desgastes juega en tu contra.
¿Alguna anécdota graciosa?
Víctor: En Tailandia. Volamos sobre un templo que yo no sabía que era sagrado. Me empezaron a llegar mensajes, mails, llamadas: que tenía un gran problema y que salía en las noticias de todo el país. Me conocían como “el forastero que sobrevolaba los templos sagrados”.
Lo normal hubiera sido esconderse. Pero se me ocurrió volar para atrás casi todo el día y llevar un ramo de flores enorme. Estaba todo el pueblo esperándome en el templo. Yo no sabía si me iban a tirar piedras… y se cambió la tortilla. Haces eso y haces amigos. Salimos en la prensa haciendo “Namaste”, pidiendo disculpas, y se entendió que no fue una falta de respeto.
Un chavalín de ese pueblo me mandó hace poco una foto: todavía tenía la camiseta de parapente “Moncho” que yo dejé a los pies del Buda del templo. En principio no me iban a dejar ni salir del país. Se me ocurrió eso, y funcionó.
Y para hacer muchas aventuras, a veces ha sido más de pedir disculpas que de pedir permiso. Porque si pides permiso, es imposible que te lo den: no saben lo que es un parapente, o es zona militar.
En África tuve otra: en la isla de São Tomé, vinieron militares y me requisaron el equipo. Acabé en la policía militar. Tuvo que venir la embajada a buscarme por un mensaje que pude enviar desde el teléfono de un guardia. Luego recuperamos el equipo… fue una historia. La televisión de São Tomé me hizo una entrevista. Salía a España con exceso de equipaje y oliendo a gasolina.
Y tengo otra en China, en las montañas de Tiang Men… me voy acordando mientras hablamos.
Cierre y próximos planes
Hablamos de una colaboración y un sorteo previsto para febrero, y nos quedamos con ganas de más anécdotas.
Víctor: “Más de mayor, si escribo un libro, el título será ‘Liadas y libras’”.
Una última curiosidad: ¿cuál ha sido tu velocidad máxima?
Víctor: En slalom, cerca de cien kilómetros por hora. Totalmente loco. Son “vuelos lentos”, pero se hacen prototipos con perfiles aerodinámicos y, además, en los vuelos coges energía centrífuga.
De esta manera nos despedimos de Víctor Rodríguez “moncho78”, a quien agradecemos el tiempo y la charla. Le deseamos lo mejor en sus vuelos y en su vida, y ojalá pronto podamos compartir más aventuras. Y si esta entrevista te ha despertado la curiosidad, quizá algún día te animes a volar en paramotor: una experiencia que, como dice Víctor, puede cambiarte la vida.